Editorial


Ante el avance de las nuevas tecnologías y sobre todo la informática en la vida cotidiana de la población, es necesario afrontar políticas educativas capaces de cumplir con las exigencias y necesidades acorde a los nuevos paradigmas socio-educativos para lograr que las futuras generaciones alcancen un nivel educativo actualizado a los tiempos que se viven. Para afrontar los desafíos y los logros necesarios, y así, alcanzar los objetivos pertinentes.
    Para esto, tanto desde las políticas implementadas desde el Estado (como facilitador de materiales necesarios) como desde el sistema educativo (Implementando políticas socio-educativas) y desde la misma institución escolar (para que la población escolar pueda afrontar los obstáculos de la vida real) se pueda crear un puente hacia el saber escolar más acorde a la realización de un sistema escolar más inclusivo y mejor preparado para afrontar las necesidades de las nuevas generaciones; para ello, se espera que se incorporen las nuevas tecnologías de orientadas, tanto a los alumnos que adquieren sus técnicas como a los docentes en tanto transmisores activos de conocimiento y competencias digitales del siglo XXI tomando múltiples formas de alfabetización.  
    La multialfabetización remarca la importancia de un aprendizaje enmarcado en la realidad sociocultural, introduciendo diversos modos de producción de sentido, tanto complejos como interrelacionados, y propone incorporar a la alfabetización las dimensiones de lo visual —imagen fija y en movimiento—, el audio y lo audiovisual, entre otras. Enfocan la atención en la adquisición de competencias centradas en el uso personal, social y cultural de múltiples herramientas. Según César Coll “el alfabetismo remite al dominio funcional de los conocimientos y las habilidades necesarias para manejar y manejarse con la tecnología, las imágenes fijas y en movimiento, la información, etc., independientemente de que el texto escrito, la lectura y la escritura continúen desempeñando un papel fundamental” (Coll, 2005:8).
    Es en el marco de la Educación Digital que debemos definir las TIC como formas sociales y culturales. Es en ese sentido, que David Buckingham señala que en la mayoría de las experiencias, en tiempos de ocio se transmiten imágenes y fantasías a través de las computadoras a  los niños, generando oportunidades para liberar la imaginación, incentivar la expresión personal y promover el juego; el principal espacio de encuentro de la cultura digital es el ciberespacio, entendido como un nuevo medio de comunicación que surge de la interconexión mundial de ordenadores (Levy, 2007).
    El ciberespacio se presenta como el escenario donde se construye y circula el saber, favoreciendo la cultura participativa. Incluir a las TIC en la educación implica revisar y redefinir los modelos pedagógicos recuperando prácticas innovadoras. El papel de la educación es fundamental para que los alumnos se apropien de las prácticas culturales que garantizan la inclusión social. El cambio de paradigma presenta a la educación el desafío de revisar sus estrategias, para lograr una apropiación significativa de las TIC y las prácticas de la cultura digital.

    Las políticas educativas del Ministerio de Educación del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires en materia de educación digital se enmarcan en la Ley de Educación Nacional 26.206, sancionada en 2006. En su artículo 88, se destaca que “el acceso y dominio de las tecnologías de la información y la comunicación formarán parte de los contenidos curriculares indispensables para la inclusión en la sociedad del conocimiento”.

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